Otro día más de esta amargada vida. Despierto con el ruido del despertador. 07:00 AM. Me levanto de mi cálida cama y cojo mi bata. Bajo al baño donde cepillo mi cabello y lavo mis dientes. Me dirijo a la cocina en la que los miembros de mi familia disfrutan cada uno de su respectivo desayuno. En mi sitio de la mesa unas tortitas y un café recién hecho. Desayuno y subo a vestirme. Jeans, vans y una sudadera de Adidas. Me pongo mi gorra negra de los yankees y guardo mi monopatín en la mochila. Salgo de casa en dirección a la parada del autobús. Subo a uno de los autobuses que esperan, pero no subo al habitual, sino al que se dirije a Madrid. Compro mi billete y me siento en los asientos del fondo. Introduzco los cascos en mi iPod y mi mirada se pierde observando las gotas de lluvia caer sobre la ventana.
Después de hora y cuarto de trayecto, llego a mi destino. Empiezo a caminar y caminar llegando así al instituto de Raúl. Me abro paso entre las pocas personas que hay en la entrada y localizo con la mirada al moreno de ojos grises. Él me ve y, sin pronunciar palabra alguna, coge su mochila y escapa de esa cárcel junto a mí. Salimos del establecimiento y vamos hasta un pequeño skatepark abandonado. Disfrutamos de este durante media hora montando nuestros monopatines y relizando acrobacias en el aire para acabar exahustos y con ganas de descansar. Ningún banco era válido para realizar tal acción, ya que todos estaban mojados a causa de la lluvia. Maldecí en voz baja y Raúl sonrió de lado. Se le ocurrió la idea de ir a su casa, en la que sus padres no estaban debido al trabajo. Llegamos y fuimos a su habitación. Allí, él enciende su ordenador, mientras yo, sentada con las piernas cruzadas, juego con su cámara olympus. Se acerca a mí y, mientras sus labios se pegan a los míos, la cámara cae sobre la cama y dispara un flash tras otro. Reímos por lo que acababa de pasar y seguimos con nuestro juego de dos...