Otro día más de esta amargada vida. Despierto con el ruido del despertador. 07:00 AM. Me levanto de mi cálida cama y cojo mi bata. Bajo al baño donde cepillo mi cabello y lavo mis dientes. Me dirijo a la cocina en la que los miembros de mi familia disfrutan cada uno de su respectivo desayuno. En mi sitio de la mesa unas tortitas y un café recién hecho. Desayuno y subo a vestirme. Jeans, vans y una sudadera de Adidas. Me pongo mi gorra negra de los yankees y guardo mi monopatín en la mochila. Salgo de casa en dirección a la parada del autobús. Subo a uno de los autobuses que esperan, pero no subo al habitual, sino al que se dirije a Madrid. Compro mi billete y me siento en los asientos del fondo. Introduzco los cascos en mi iPod y mi mirada se pierde observando las gotas de lluvia caer sobre la ventana.
Después de hora y cuarto de trayecto, llego a mi destino. Empiezo a caminar y caminar llegando así al instituto de Raúl. Me abro paso entre las pocas personas que hay en la entrada y localizo con la mirada al moreno de ojos grises. Él me ve y, sin pronunciar palabra alguna, coge su mochila y escapa de esa cárcel junto a mí. Salimos del establecimiento y vamos hasta un pequeño skatepark abandonado. Disfrutamos de este durante media hora montando nuestros monopatines y relizando acrobacias en el aire para acabar exahustos y con ganas de descansar. Ningún banco era válido para realizar tal acción, ya que todos estaban mojados a causa de la lluvia. Maldecí en voz baja y Raúl sonrió de lado. Se le ocurrió la idea de ir a su casa, en la que sus padres no estaban debido al trabajo. Llegamos y fuimos a su habitación. Allí, él enciende su ordenador, mientras yo, sentada con las piernas cruzadas, juego con su cámara olympus. Se acerca a mí y, mientras sus labios se pegan a los míos, la cámara cae sobre la cama y dispara un flash tras otro. Reímos por lo que acababa de pasar y seguimos con nuestro juego de dos...
“Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado, un amigo que espera; destruido, un corazón que llora”.
sábado, 8 de diciembre de 2012
lunes, 22 de octubre de 2012
Un sueño cumplido. {Relato}
Bajé el equipaje al salón y ayudé a mi madre con las últimas cajas de la mudanza. Llevé las cajas al camión que las llevarí a un almacén y cogí mis maletas para dejarlas en el maletereo del taxi. Monté en el asiento de atrás junto a mi madre y me despedí con la mano de mi hermano, que se quedaría a vivir con un amigo en la ciudad. El taxi arrancó rumbo al aeropuerto. El camino se hizo corto ya que escuchaba canciones con mi móvil. El taxi frenó frente al edificio gigante y bajamos de él. Cogimos las maletas y nos adentramos entre miles de personas. Fuimos a hacer cola para el chek-in y tras dos horas de larga espera el vuelo llegaría. Hicimos lo que se suele hacer en los aeropuertos y embarcamos en el avión.
Unas horas después...
El avión ya había aterrizado. Estaba pisando suelo canario, concretamente, Las Palmas. Todo había ido bien y las maletas estaban en perfectas condiciones. Cogimos otro taxi para dirigirnos a nuestro nuevo hogar situado en Santa Lucía de Tirajana. Al cabo de unos cuarenta minutos llegamos a nuestro destino. El taxi paró frente a una casa de dos pisos que daba que desear. Mi madre sacó las llaves de su chaqueta y abrió la puerta de aquella casa. Entré y quedé anonadada con el interior. Los muebles eran perfectos, los colores eran suaves y el lugar donde estaba situada era ideal. Empezaría una nueva vida en Gran Canaria y lo haría junto a dos amigas mías que no saben que estoy aquí.
Al día siguiente...
Me desperté en mi nueva casa, no me acostumbraba. Cogí ropa de cambio y fuí a darme una ducha. Salí vestida del baño tras media hora. Miré el reloj, marcaba las once y veinte. Bajé las escaleras y me dirigí a la cocina. Desayuné rápido y salí de casa, avisando previamente a mi madre. Dí un paseo tranquilo saludando a mis nuevos vecinos y llegué al lugar que deseaba, la casa de Ace. Toqué el timbre y un señor me abrió con una sonrisa en la cara. Me presenté.
- Buenos días, soy una amiga de Acerina, ¿está en casa?
- No, lo siento, está en casa de una amiga.
- ¿Évany?
- Sí, ¿la conoces?
- Bueno... la conozco de internet. En realidad, las conozco a las dos de internet y no tienen ni idea de que estoy aquí...
- En resumen, no las has visto nunca en persona y quieres sorprenderlas, ¿no?
- Efectivamente.
- Pasa, puedes esperar dentro.
- Muchas gracias.
Pasé dentro, un poco nerviosa la verdad, y me senté en el sofá. La casa estaba en silencio, supongo que solo estaba el padre en casa. Él se sentó en un sillón enfrenté al sofá y cogió el teléfono fijo. Marcó un número que no llegué a ver y empezó una conversación.
*Llamada telefónica*
- Ace, soy papá, venid Évany y tú a comer a casa.
- ...
- Sí, lo antes posible.
- ...
- Me da igual, podréis seguir haciéndolo mientras preparo la comida.
- ...
- Adiós.
*Fin llamada telefónica*
- Dicen que ahora vienen.
- Y... ¿dónde las espero?
- Ven, te acompaño al cuarto de Ace.
Me acompanó hasta una habitación bonita pero un poco desordenada. ¿Cómo iba a estar si no? Al rato, se escucharon unas pisadas subiendo las escaleras y las voces de mis amigas. Rápidamente, me escondí bajo la cama y esperé a que entrasen. Estaban hablando de Cher Lloyd cuando noté que una de ellas se sentó en la cama. Aproveché para cogerl uno de sus delgados pies y asustarla. Eva saltó por los aires y chilló como si no hubiese un mañana.
- ¿Qué clase de unicornio hay ahí debajo? - Gritó Évany.
- Cálmate, habrá sido solo un susto. - A continuación, Ace miró bajo la cama y vió mi figura. Esta empezó a saltar y a pegar gritos ahogados. Salí de debajo de la cama y las abracé. Mis lágrimas saltaron de alegría y las suyas también. Por fin juntas... Al parecer, la distancia no siempre gana la batalla.
¿Y tú? ¿Te has enfrentado alguna vez a la distancia?
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Este relato va dedicado a Ace, una amiga mía, ya que mañana es su cumpleaños y, al vivir a kilómetros y kilómetros de distancia, este es el mejor regalo que le puedo hacer. Espero que lo pases bien princesa, y sonríe, que vales mucho.
Unas horas después...
El avión ya había aterrizado. Estaba pisando suelo canario, concretamente, Las Palmas. Todo había ido bien y las maletas estaban en perfectas condiciones. Cogimos otro taxi para dirigirnos a nuestro nuevo hogar situado en Santa Lucía de Tirajana. Al cabo de unos cuarenta minutos llegamos a nuestro destino. El taxi paró frente a una casa de dos pisos que daba que desear. Mi madre sacó las llaves de su chaqueta y abrió la puerta de aquella casa. Entré y quedé anonadada con el interior. Los muebles eran perfectos, los colores eran suaves y el lugar donde estaba situada era ideal. Empezaría una nueva vida en Gran Canaria y lo haría junto a dos amigas mías que no saben que estoy aquí.
Al día siguiente...
Me desperté en mi nueva casa, no me acostumbraba. Cogí ropa de cambio y fuí a darme una ducha. Salí vestida del baño tras media hora. Miré el reloj, marcaba las once y veinte. Bajé las escaleras y me dirigí a la cocina. Desayuné rápido y salí de casa, avisando previamente a mi madre. Dí un paseo tranquilo saludando a mis nuevos vecinos y llegué al lugar que deseaba, la casa de Ace. Toqué el timbre y un señor me abrió con una sonrisa en la cara. Me presenté.
- Buenos días, soy una amiga de Acerina, ¿está en casa?
- No, lo siento, está en casa de una amiga.
- ¿Évany?
- Sí, ¿la conoces?
- Bueno... la conozco de internet. En realidad, las conozco a las dos de internet y no tienen ni idea de que estoy aquí...
- En resumen, no las has visto nunca en persona y quieres sorprenderlas, ¿no?
- Efectivamente.
- Pasa, puedes esperar dentro.
- Muchas gracias.
Pasé dentro, un poco nerviosa la verdad, y me senté en el sofá. La casa estaba en silencio, supongo que solo estaba el padre en casa. Él se sentó en un sillón enfrenté al sofá y cogió el teléfono fijo. Marcó un número que no llegué a ver y empezó una conversación.
*Llamada telefónica*
- Ace, soy papá, venid Évany y tú a comer a casa.
- ...
- Sí, lo antes posible.
- ...
- Me da igual, podréis seguir haciéndolo mientras preparo la comida.
- ...
- Adiós.
*Fin llamada telefónica*
- Dicen que ahora vienen.
- Y... ¿dónde las espero?
- Ven, te acompaño al cuarto de Ace.
Me acompanó hasta una habitación bonita pero un poco desordenada. ¿Cómo iba a estar si no? Al rato, se escucharon unas pisadas subiendo las escaleras y las voces de mis amigas. Rápidamente, me escondí bajo la cama y esperé a que entrasen. Estaban hablando de Cher Lloyd cuando noté que una de ellas se sentó en la cama. Aproveché para cogerl uno de sus delgados pies y asustarla. Eva saltó por los aires y chilló como si no hubiese un mañana.
- ¿Qué clase de unicornio hay ahí debajo? - Gritó Évany.
- Cálmate, habrá sido solo un susto. - A continuación, Ace miró bajo la cama y vió mi figura. Esta empezó a saltar y a pegar gritos ahogados. Salí de debajo de la cama y las abracé. Mis lágrimas saltaron de alegría y las suyas también. Por fin juntas... Al parecer, la distancia no siempre gana la batalla.
¿Y tú? ¿Te has enfrentado alguna vez a la distancia?
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Este relato va dedicado a Ace, una amiga mía, ya que mañana es su cumpleaños y, al vivir a kilómetros y kilómetros de distancia, este es el mejor regalo que le puedo hacer. Espero que lo pases bien princesa, y sonríe, que vales mucho.
sábado, 13 de octubre de 2012
¿No me recuerdas, skater? {Relato}
El día había amanecido nublado, pero eso no impediría que marchase al parque de skates que había a tres manzanas de mi casa. Cogí mi monopatín y marché de casa sin hacer mucho ruido, ya que mi madre no me dejaba salir por el castigo que me impuso ayer. Puse el monopatín en el suelo y rodé sobre sus ruedas hasta llegar a mi destino. Allí me encontré con mis amigos, Alex y Luis. Hice nuestro típico saludo y me dirigí a la rampa más difícil. Hice unos cuantos trucos y en el último casi caigo por la presencia de alguien quien no conocía. Bajé de mi skate, lo acogí en mi brazo y me acerqué al grupito de muchachas que le rodeaban.
- Paso, paso, perdón, paso. - Atravesé el cinturón de chicas que le rodeaba y llegué hasta él. - Hola, supongo que tú eres Miguel. Yo soy Lara.
- Encantado, Lara. - Me dió la mano y respondí al gesto. - ¿Serías tan amable de enseñarme un poco la ciudad?
- Claro, para eso me pagan tus padres, ¿no? - Así es, sus padres me pagaron para hacer de guía y enseñarle la ciudad, no es algo muy usual pero, el dinero no me viene mal.
- Sí... - Dijo con la cara algo entristecida.
- Pues comenzemos.
Tiré de su brazo hasta sacarle de ese agobio y le dije que me siguiera. Dimos un paseo por toda la ciudad y a cada rato Miguel me paraba y preguntaba por cada zona de la ciudad. Le llevé a un parque al que iba siempre para desahogarme y pensar las cosas, en ese momento me dijo lo siguiente.
- ¿Sábes? Mis padres te contrataron a ti para que me enseñases la ciudad ya que ellos no tienen tiempo para mí. Siempre están más ocupados en sus cosas del trabajo y nunca prestan atención a lo que digo. - Su voz sonaba apagada.
- Mi padre murió en un accidente de coche. Todavía le echo de menos pero él tampoco me prestaba mucha atención. Ahora vivo con mi madre y mi padrastro, al que no soporto. Por eso muchas veces vengo aquí a desahogarme. - Esta era la primera vez que le contaba la verdad a alguien.
- ¿Hacemos de este nuestro lugar secreto?
- Sí. Siempre he querido eso... Tener a alguien con quien compartir lágrimas, gritos, sonrisas...
- Recuerdos... ¿No me recuerdas, skater?
- ¿Qué dices? - Pregunté anonadada.
- ¿No recuerdas lo felices que eramos cuando corríamos por este parque con tan solo 5 años? - Me dijo con brillo en los ojos.
- ¿Eres tú? - Pronuncié con dificultad.
- Sí mi skater, soy yo, ¿me recuerdas?
- ¿Cómo no recordarte? Fuiste mi primer amor... y el único por ahora.
- Te he echado mucho de menos estos años.
- Y yo a ti, mi pequeño, y yo a ti...
Nuestros labios se unieron y nuestras lenguas formaron una guerra en nuestras bocas. Hacía tanto que no tenía sus manos junto a las mías que ya no sabía que se sentía. Pasé mis manos por su nuca y él pasó sus manos por mi cintura. Paramos por falta de aire y de mis labios salió un 'Te quiero' que nunca olvidaríamos.
- Paso, paso, perdón, paso. - Atravesé el cinturón de chicas que le rodeaba y llegué hasta él. - Hola, supongo que tú eres Miguel. Yo soy Lara.
- Encantado, Lara. - Me dió la mano y respondí al gesto. - ¿Serías tan amable de enseñarme un poco la ciudad?
- Claro, para eso me pagan tus padres, ¿no? - Así es, sus padres me pagaron para hacer de guía y enseñarle la ciudad, no es algo muy usual pero, el dinero no me viene mal.
- Sí... - Dijo con la cara algo entristecida.
- Pues comenzemos.
Tiré de su brazo hasta sacarle de ese agobio y le dije que me siguiera. Dimos un paseo por toda la ciudad y a cada rato Miguel me paraba y preguntaba por cada zona de la ciudad. Le llevé a un parque al que iba siempre para desahogarme y pensar las cosas, en ese momento me dijo lo siguiente.
- ¿Sábes? Mis padres te contrataron a ti para que me enseñases la ciudad ya que ellos no tienen tiempo para mí. Siempre están más ocupados en sus cosas del trabajo y nunca prestan atención a lo que digo. - Su voz sonaba apagada.
- Mi padre murió en un accidente de coche. Todavía le echo de menos pero él tampoco me prestaba mucha atención. Ahora vivo con mi madre y mi padrastro, al que no soporto. Por eso muchas veces vengo aquí a desahogarme. - Esta era la primera vez que le contaba la verdad a alguien.
- ¿Hacemos de este nuestro lugar secreto?
- Sí. Siempre he querido eso... Tener a alguien con quien compartir lágrimas, gritos, sonrisas...
- Recuerdos... ¿No me recuerdas, skater?
- ¿Qué dices? - Pregunté anonadada.
- ¿No recuerdas lo felices que eramos cuando corríamos por este parque con tan solo 5 años? - Me dijo con brillo en los ojos.
- ¿Eres tú? - Pronuncié con dificultad.
- Sí mi skater, soy yo, ¿me recuerdas?
- ¿Cómo no recordarte? Fuiste mi primer amor... y el único por ahora.
- Te he echado mucho de menos estos años.
- Y yo a ti, mi pequeño, y yo a ti...
Nuestros labios se unieron y nuestras lenguas formaron una guerra en nuestras bocas. Hacía tanto que no tenía sus manos junto a las mías que ya no sabía que se sentía. Pasé mis manos por su nuca y él pasó sus manos por mi cintura. Paramos por falta de aire y de mis labios salió un 'Te quiero' que nunca olvidaríamos.
viernes, 12 de octubre de 2012
Si quieres, puedes. {Relato}
Hoy era un día más en el que estaba separada de Eva. No lo soporto, llevamos más de un año hablando por redes sociales y tonterías pero la distancia empieza a hartarme. Quizás un día de estos me escape...
Dejé que el sueño me venciera y me dormí con la idea de escaparme en la cabeza.
- Al día siguiente. -
Desperté. Tuve un sueño en el que conocía a Eva... Todo era bonito hasta que desperté.
Fuí al baño a ducharme y salí ya vestida. Bajé a desayunar y a continuación salí a dar un paseo por el bosque que se encuentra cerca de mi casa. Me senté en un árbol y empecé a plantearme la idea de escaparme. Cada vez tenía más y más ganas. Ella vive en Ciudad Real y yo en Madrid, hay un tren que va directo desde Madrid hasta Ciudad Real y yo tengo dinero suficiente para ir y volver todo en el mismo día. A mis padres les podría engañar diciendo que pasaría el día en casa de Alexandra, mi amiga y que comería allí. Todo es perfecto, solo falta planearlo.
Volví a casa y me conecté a Skype. No llamé a Eva ya que tenía que contarle el plan por escrito, sin que mis padres me oyeran. Le conté todo y ella se emocionó mucho, me dijo que podría ir a comer a su casa y que podríamos pasar juntas el día entero. Todo esto encajaba.
...
Son las 5 de la tarde, acabo de llamar a Alex para contarle todo y está de acuerdo con mi plan. Bajé al salón y le pedí permiso a mis padres para mañana pasar el día en casa de mi amiga. Ellos aceptaron ya que no sería la primera vez que iría a pasar el día con Alex. Todo me estaba saliendo según lo planeado.
De nuevo, volví a mi habitación y empecé a preparar una mochila con cosas necesarias para mañana. Me despertaría a las 7 y cogería el tren de las 9 y cuarto.
...
Había acabado de cenar. El plan iba sobre ruedas. Subí a mi habitación, me pusé el pijama y encedí el portátil con la intención de hablar con Eva. Estuvimos chateando hasta la una de la mañana, que fué cuando me entró sueño y apagué el ordenador para conciliar el sueño.
- Al día siguiente. -
Hoy era todo o nada. Me desperté, fuí al baño a cambiarme y salí preparada para el viaje. Cogí mi mochila en la que llevaba el dinero y algunas cosas más, ya que no la llené para poder guardar más tarde la chaqueta que llevaba puesta. Desayuné y salí de casa a menos cuarto. Fuí andando hasta la estación y me dispuse a comprar mi billete de ida. Después, bajé las escaleras mecánicas y esperé a que mi tren con destino a Ciudad Real llegase.
El tren llegó a la estación. Subí a él y me senté en uno de los asientos más cercanos a las puertas. El tren salió directo a CR, sin parar en ningún otro lugar, y yo saqué mi móvil para twittear un poco. Lo primero que pusé fué 'En menos de 2 horas estaré abrazando a mi Eva'. Al escribirlo se formó una sonrisa en mi cara. Tan solo pensar en ello me alegraba el día. El tren seguía su rumbo y yo estaba empanada con mi móvil. Depués de media hora usando el móvil decidí sacar el libro que me llevé de casa y leerlo. Se trataba de 'Sinsajo', uno de los libros de la trilogía de 'Los Juegos Del Hambre'. Empecé a leerlo hace unos días así que llevaba más de la mitad. Supongo que acabaría de leerlo en el trayecto.
...
El altavoz sonó y de él salieron estas palabras 'Próxima parada: Ciudad Real Centro' Mi corazón latía muy fuerte. Este era mi destino. Guardé el libro que terminé de leer, me levanté, y coloqué bien mi camiseta. La chaqueta la guardé en la mochila ya que empezaba a hacer calor. El tren finalizó su trayecto y yo bajé de él. Subí las escaleras mecánicas y salí del recinto. Observé el lugar y divisé a Eva... Eva estaba allí, esperándome. Su mirada se clavo en mi figura y a continuación echamos a correr la una hacia la otra. Por fin, la estaba abrazando, la tenía a mi lado.
...
Estuvimos toda la tarde de risas, historias y abrazos interminables pero el momento de mi marcha se acercaba. Eran las 7 de la tarde y mi tren salí a y media con destino a mi hogar. Estábamos en un banco cerca de la estación con lágrimas en los ojos pero una sonrisa en la cara, este día fué el mejor de nuestras vidas.
Le prometí a Eva que volvería y ella me prometió que vendría a Madrid. Sus padres tuvieron la oportunidad de conocerme así que tenían confianza en dejarla venir a pasar unos días en mi casa, claro está, con el consentimiento de los míos.
Entré al recinto y bajé esas escaleras mecánicas... Todo se volvía negro a cada paso que daba. El tren llegó y subí, obligada, a él. Salió de la estación y no pude evitar unas pocas lágrimas recorriendo mi mejilla. Pero le prometí que nos encontraríamos de nuevo y yo siempre cumplo las promesas.
Dejé que el sueño me venciera y me dormí con la idea de escaparme en la cabeza.
- Al día siguiente. -
Desperté. Tuve un sueño en el que conocía a Eva... Todo era bonito hasta que desperté.
Fuí al baño a ducharme y salí ya vestida. Bajé a desayunar y a continuación salí a dar un paseo por el bosque que se encuentra cerca de mi casa. Me senté en un árbol y empecé a plantearme la idea de escaparme. Cada vez tenía más y más ganas. Ella vive en Ciudad Real y yo en Madrid, hay un tren que va directo desde Madrid hasta Ciudad Real y yo tengo dinero suficiente para ir y volver todo en el mismo día. A mis padres les podría engañar diciendo que pasaría el día en casa de Alexandra, mi amiga y que comería allí. Todo es perfecto, solo falta planearlo.
Volví a casa y me conecté a Skype. No llamé a Eva ya que tenía que contarle el plan por escrito, sin que mis padres me oyeran. Le conté todo y ella se emocionó mucho, me dijo que podría ir a comer a su casa y que podríamos pasar juntas el día entero. Todo esto encajaba.
...
Son las 5 de la tarde, acabo de llamar a Alex para contarle todo y está de acuerdo con mi plan. Bajé al salón y le pedí permiso a mis padres para mañana pasar el día en casa de mi amiga. Ellos aceptaron ya que no sería la primera vez que iría a pasar el día con Alex. Todo me estaba saliendo según lo planeado.
De nuevo, volví a mi habitación y empecé a preparar una mochila con cosas necesarias para mañana. Me despertaría a las 7 y cogería el tren de las 9 y cuarto.
...
Había acabado de cenar. El plan iba sobre ruedas. Subí a mi habitación, me pusé el pijama y encedí el portátil con la intención de hablar con Eva. Estuvimos chateando hasta la una de la mañana, que fué cuando me entró sueño y apagué el ordenador para conciliar el sueño.
- Al día siguiente. -
Hoy era todo o nada. Me desperté, fuí al baño a cambiarme y salí preparada para el viaje. Cogí mi mochila en la que llevaba el dinero y algunas cosas más, ya que no la llené para poder guardar más tarde la chaqueta que llevaba puesta. Desayuné y salí de casa a menos cuarto. Fuí andando hasta la estación y me dispuse a comprar mi billete de ida. Después, bajé las escaleras mecánicas y esperé a que mi tren con destino a Ciudad Real llegase.
El tren llegó a la estación. Subí a él y me senté en uno de los asientos más cercanos a las puertas. El tren salió directo a CR, sin parar en ningún otro lugar, y yo saqué mi móvil para twittear un poco. Lo primero que pusé fué 'En menos de 2 horas estaré abrazando a mi Eva'. Al escribirlo se formó una sonrisa en mi cara. Tan solo pensar en ello me alegraba el día. El tren seguía su rumbo y yo estaba empanada con mi móvil. Depués de media hora usando el móvil decidí sacar el libro que me llevé de casa y leerlo. Se trataba de 'Sinsajo', uno de los libros de la trilogía de 'Los Juegos Del Hambre'. Empecé a leerlo hace unos días así que llevaba más de la mitad. Supongo que acabaría de leerlo en el trayecto.
...
El altavoz sonó y de él salieron estas palabras 'Próxima parada: Ciudad Real Centro' Mi corazón latía muy fuerte. Este era mi destino. Guardé el libro que terminé de leer, me levanté, y coloqué bien mi camiseta. La chaqueta la guardé en la mochila ya que empezaba a hacer calor. El tren finalizó su trayecto y yo bajé de él. Subí las escaleras mecánicas y salí del recinto. Observé el lugar y divisé a Eva... Eva estaba allí, esperándome. Su mirada se clavo en mi figura y a continuación echamos a correr la una hacia la otra. Por fin, la estaba abrazando, la tenía a mi lado.
...
Estuvimos toda la tarde de risas, historias y abrazos interminables pero el momento de mi marcha se acercaba. Eran las 7 de la tarde y mi tren salí a y media con destino a mi hogar. Estábamos en un banco cerca de la estación con lágrimas en los ojos pero una sonrisa en la cara, este día fué el mejor de nuestras vidas.
Le prometí a Eva que volvería y ella me prometió que vendría a Madrid. Sus padres tuvieron la oportunidad de conocerme así que tenían confianza en dejarla venir a pasar unos días en mi casa, claro está, con el consentimiento de los míos.
Entré al recinto y bajé esas escaleras mecánicas... Todo se volvía negro a cada paso que daba. El tren llegó y subí, obligada, a él. Salió de la estación y no pude evitar unas pocas lágrimas recorriendo mi mejilla. Pero le prometí que nos encontraríamos de nuevo y yo siempre cumplo las promesas.
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